El Producto Interior Bruto de España (PIB) creció entre julio y septiembre un 0,7% tras seis trimestres consecutivos avanzando a tasas del 0,8% o superiores, según el dato adelantado este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Aunque sea una cuestión de décimas, se aprecia el primer signo de ralentización siempre que el INE confirme estos datos el próximo 24 de noviembre. En términos anuales, la economía crece un 3,2% frente al 3,4% que crecía el trimestre anterior.

Por primera vez después de cuatro trimestres, se baja de un ritmo del 3,4% anual. Aún así, se trata de un crecimiento robusto que supera las expectativas existentes a comienzos de año, cuando todas las casas de análisis avisaban de que se avecinaba una ralentización. La actividad está mostrando más resistencia de lo esperado. Ahora mismo se antoja incluso difícil que el PIB cierre el año en el 2,9% que prevé el Gobierno en su última actualización de hace un par de meses. El empleo incluso se ha acelerado. Y en el tercer trimestre aumenta más que en el mismo trimestre de los años anteriores. Es más, no había un tercer trimestre tan bueno en creación de puestos de trabajo desde 2005.

Aunque en parte se trata de una respuesta al repunte de la demanda del turismo, la Encuesta de Población Activa muestra un crecimiento trimestral del empleo del 0,77%, unos niveles muy robustos. Y la creación de puestos de trabajo es precisamente el principal motor del PIB. Prácticamente explica el 80 por ciento de todo lo que crece el Producto. Este incremento de la ocupación se traslada, a su vez, directamente a la renta disponible de los hogares y, por tanto, al consumo. Si el empleo crece a tasas del entorno del 3%, el consumo avanza exactamente en la misma proporción. Y, en consecuencia, así crece el PIB.

Si bien el Banco de España detectaba en su último boletín publicado esta misma semana una pequeña ralentización en los datos de consumo minorista, estas cifras se han compensado en parte con otros guarismos muy positivos como unas ventas de vehículos disparadas, o un consumo de servicios alto. La producción industrial de agosto resultó buena, neutralizando el triste dato de julio. Las entradas de capital foráneo no destinadas a bolsa siguen avanzando. Y las salida de inversores extranjeros que se experimentó en bolsa se ha detenido. Por último, aunque a tasas cada vez más lentas, hasta agosto las exportaciones siguen aumentando. Alcanzan cada mes cotas récord al tiempo que las importaciones retroceden. Sólo la licitación pública parece resentirse víctima de la necesidad de ajustar las cuentas públicas.

«2016 es el año que el PIB adquirió un vigor inusitado impulsado por una rebaja fiscal, la política monetaria del BCE y unos precios del petróleo a la baja. La inercia es tan fuerte que este año es difícil que se altere. Otra cosa será 2017, cuando se tenga que aplicar el ajuste que demanda Bruselas. Tanto si se hace con subidas de impuestos como con recortes de gasto», explica José Domingo Roselló, analista del Flores de Lemus.

De cara a los próximos meses, la primera mala señal es que el todo el trabajo creado ha sido temporal. Aunque una porción de ese empleo sea de primera inserción y por lo tanto pueda continuar en el mercado laboral, gran parte ha sido generado para responder a la excelente temporada de turismo. Es decir, una porcentaje no desdeñable de esa ocupación podría no renovarse en octubre y noviembre, lo que se acusará en los datos de PIB del próximo trimestre y el siguiente.